
El dolor no viene a destruirte, viene a despertarte
A veces el dolor no llega para destruirte, sino para obligarte a mirar dentro y crecer

El dolor no desaparece, se transforma
Hay momentos en la vida
en los que entramos en una especie de trance.
No siempre sabemos exactamente por qué
Solo sentimos un peso. Un vacío.
Una tristeza que aparece sin avisar.
Y lo primero que solemos hacer es intentar evitarlo.
Nos distraemos.
Salimos.
Trabajamos más.
Hablamos con gente.
Miramos el móvil.
Cualquier cosa con tal de no sentir.
Pero el dolor que se evita… se acumula.

El error de huir de lo que sentimos
Nos enseñaron a ser fuertes.
A no llorar demasiado.
A “tirar para adelante”.
Pero nadie nos explicó que sentir también es parte de avanzar.
El dolor no es el enemigo.
Es un proceso.
Incluso la muerte de un ser querido no se supera como quien supera un examen.
Puede que tardes meses.
Puede que años.
Pero aprendes a vivir con ello.
Lo mismo ocurre con amistades que se rompen.
Con caminos que se separan.
Con amores que ya no están.
El corazón recuerda.
La mente compara.
Y ahí es donde aparece el bajón.

Dale tiempo al dolor
No lo evites.
Si necesitas llorar cinco horas, que sean cinco horas.
Si necesitas pensar durante días en lo que pasó, hazlo.
Si necesitas salir a caminar sol@, hazlo.
Dale tiempo.
Horas de sueño.
Horas de distracción.
Horas de reflexión.
El equilibrio no llega en un día.
Llega cuando dejas de luchar contra lo que sientes.

El vacío no se rellena forzándolo
Con el tiempo, esas horas de tristeza se reducen.
Casi sin darte cuenta.
Un día cambias una hora de lágrimas por una hora de gimnasio.
Otra por un proyecto.
Otra por un hobby.
Y poco a poco, nuevas personas aparecen en tu vida.
Nuevas conexiones.
Nuevas ilusiones.
El espacio que hoy duele… mañana será diferente.
Llega cuando dejas de luchar contra lo que sientes.

No huyas. Atraviesalo
La vida no se trata de no sentir.
Se trata de aprender a convivir con lo que sentimos.
Porque todo cambia.
Todo se recoloca.
Todo termina encontrando su lugar.
Y aunque ahora no estés al 100%, algo es seguro.

Nada es permanente.
Ni siquiera el dolor que hoy parece no tener final.
Si este texto te ha resonado, quizá sea porque estas atravesando algo que todavía esta buscando su lugar.